Por una Mayoría Constituyente:
Los temas que voy a abordar los he ido desgranando
anteriormente en otros trabajos ()
por lo que intentaré aquí sistematizar y resumir la propuesta que
vengo haciendo (con poco éxito, naturalmente) de constituir alguna
nueva estructura política que pueda contribuir a resolver problemas
que están, a mi juicio, desbordando la capacidad y la voluntad de
los protagonistas políticos existentes hoy. La tesis de partida es
que el Estado español está al borde de la quiebra. Y ello ha de
preocuparnos. El Estado español surgido de la transición arrastra fortísimas connotaciones

autoritarias cuando no
anti-democráticas procedentes de su inmediato antecesor, el Estado
franquista, que históricamente se había encargado de configurar el
propio concepto de Estado “moderno” durante la posguerra, (toda
vez que a la República se le hurtó violentamente la posibilidad de
la modernización de las estructuras caciquiles preexistentes), ese
Estado, en cuya Constitución de 1977 trató de plasmar principios
éticos y convertirlos en una realidad moderna y operativa, no ha
conseguido su propósito declarado en el Preámbulo.
Tras la
pérdida del impulso reformista de los herederos “civilizados”
del franquismo (UCD) vino el agotamiento de la reserva ética
del socialismo español, que se produjo en dos fases, la primera por
la corrupción galopante de los últimos años del felipismo y la
segunda por la inanidad y falta de proyecto estratégico del
zapaterismo, para concluir con un PP que (aunque puro franquismo
sociológico, y por lo tanto con un fuerte componente “estatalista”
inscrito en sus genes, eso sí, de un Estado que era “de su propiedad”) se preñó de neoliberalismo con Aznar y ha
terminado siendo el dinamitero del Estado (y no sólo me refiero al
“Estado de Bienestar”, que también) al privatizar todo lo que
fuese susceptible de negocio (Telefónica antes, Ley del Suelo, o red
ferroviaria y Ley de Costas, ahora) poniendo al país en manos de los
estafadores y especuladores de toda laya, destruyendo incluso el
equilibrio territorial.
El penúltimo episodio de esa entrega de España al
capital (en la que han ido de la mano PSOE y PP, con sus excrecencias
perifericas CiU y PNV, todos ellos beneficiarios de la degradación
de la política española y “detentadores” del poder) ha sido la
reforma express del Artículo 135, votada al alimón por los
cuatro partidos, y que coloca a los banqueros como los dueños únicos
y determinadores de las políticas de la nación. Todo lo que ha
venido después es consecuencia de esa entrega de la hegemonía de la
política al poder financiero. Se hace sólo lo que ellos quieran y
con las condiciones y ritmo que impongan. Nos exppolian con impuestos
y otras exacciones (precios “públicos”, le llaman) y los
convierten en dividendos que invierten después donde les parezca,
sin responsabilidad social alguna que les frene en la “búsqueda
del beneficio”, tan aplaudida por los turiferarios del liberalismo,
que se reparten entre el Congreso y la prensa.
El Estado español por tanto, o mejor dicho, el sistema de
partidos de la transición, PSOE-PP-CiU-PNV,, está quebrado a causa
de la corrupción y el neoliberalismo que se ha infiltrado en la
“clase política” como si fuese un virus. Los problemas de la
población han desaparecido o dejado de ser la prioridad para esos
dirigentes, cuyo único objetivo es perdurar. Las encuestas del CIS
demuestran un mes tras otro la quiebra completa de la confianza
de la población en esos “políticos” ().
Los neoliberales (Léase Aznar, Jaúregui o Artur
Mas, o Cameron en la esfera europea, o los “neo-con” en
Estados Unidos, por resumir en unos nombres estas posiciones
ideológicas disfrazadas de “eficiencia económica”) intentan
destruir tanto "estado" como les sea posible (para eso les pagan, y de
mil imaginativas formas) de modo que los poderes financieros
nacionales y multinacionales (el capital, efectivamente, no tiene
fronteras hoy) pueda actuar sin cortapisa estatal alguna (200 países
hay en el mundo y 190 de ellos son más pequeños que muchas entidades
financieras. De eso también se trata, cuando se habla, por ejemplo,
de Cataluña o de Kosovo). Si además en ese proceso de
desmembramiento de los Estados pueden quedarse para sí o para otros
agradecidos socios, con aquello que pueda ser susceptible de negocio,
sea esto la educación, la sanidad, el agua o las basuras,
esquilmando a la población con impuestos y exacciones por todas
partes, mejor que mejor. Hasta la seguridad se privatiza, en un
proceso de mercenarismo no desconocido en otras épocas.
El Estado ha sido siempre “denunciado” por las
corrientes críticas por ser un “instrumento de clase” desde el
siglo XIX, pero defender el Estado “hic et nunc” (frente a
las posiciones ácratas que aún perduren en algunos pensadores) es
un deber de cualquier ciudadano honesto: el Estado es un
instrumento racional-legal que supone un avance objetivo respecto de
los absolutismos o de la arbitrariedad de los poderosos. Este
concepto permitió incluso el prematuro intento del “estado
proletario” que la URSS intentara y que supuso el cambio completo
del mapa geo-político mundial. Sin el avance social que logró el Estado soviético,
esa zona de la tierra hubiera seguido sumida en la servidumbre.
Precisamente fue su éxito inicial el que provocó la reacción nazi-fascista
que supuso el fortalecimiento a su vez del concepto de
“Estado-fuerte” del que se nutriera la propia España franquista
y la aparición de la respuesta keynesiana en "Occidente" para paliar las carencias
del entonces fallido “Estado liberal”. La persistencia del modelo
de capitalismo estatalizado que supone China, o la India, sociedades
mucho más estructuradas que la Rusia zarista viene a confirmar este
aserto: el Estado es necesario y socialmente útil; Millones de
personas (800 millones en China entre 2000 y 2010) han superado el
umbral de la pobreza, algo que nunca habría ocurrido sin la
existencia de esos Estados fuertes que han impedido que el
neocolonialismo siguiera imponiendo sus normas en esos gigantescos países.
El Estado es necesario y conveniente para proteger a
las poblaciones más frágiles frente a los abusos que siempre
pretenderán los poderosos, con tal de mantener sus posiciones. Por
eso hoy tenemos que defenderlo y habrá de ser así por luengas
décadas: El hombre capaz de ser libre y bueno (el ideal ácrata) por
si mismo y sin coacción externa, está lejos de nacer.
Ciñéndonos a la Europa y a la España de hoy, el
Estado es un patrimonio de la sociedad y no una herramienta de los
capitalistas. Defender ese concepto de Estado es la tarea que
debiéramos acometer hoy los llamados “progresistas·. Los
capitalistas armados de falacias neoliberales recuperadas quieren
acabar con el Estado (o manejarlo a su antojo) para poder campar a
sus anchas y el pueblo, el común, tiene que apoderarse
democráticamente de esa poderosa herramienta e impedir sus planes,
que existen claramente y se vislumbran cada semana en las decisiones
que adoptan o proponen.
Para conseguir neutralizar a esas fuerzas (algo muy
difícil, pues se enmascaran entre ellas muchas personas del
“horizonte ideológico progresista” (por llamarle algo) del
sistema vigente, lo que dificulta su identificación para muchas
personas de buena fe) es preciso constituir una alianza o bloque o
serie de círculos sociales o redes o mareas o como se quieran
llamar, que se consoliden como una mayoría social capaz de imponerse
democráticamente (acaso la violencia, quiero soñar, ya pueda
desterrarse de la política...) a los aparatos de unos partidos
obsoletos pero aún eficientes en su tarea, entre otras cosas
porque tienen el riego financiero asegurado que les suministran sus
amos, los bancos.
Cualquier organización que se nutra de fondos
“ofrecidos” por esos buitres será siempre pasto de sus
maniobras. La mayoría que debe constituirse (que sociológicamente
existe, aunque orgánicamente no) debe financiarse exclusivamente con
los propios medios de sus integrantes y vigilar cualquier intento de
hegemonía o infiltración por parte de esos enemigos del pueblo
ciudadano. El capitalismo especulativo-financiero es una
excrecencia innecesaria del capitalismo y debe desaparecer, por
lo que nutrirse de ellos sería igual que convertirse en zombies,
paralizando esa organización antes de nacer siquiera.
Los neoliberales han decretado “Delenda est el
Estado de Bienestar” pero el Estado (todo Estado) es nuestro y no
podrán con todo el pueblo. Pero, ¿cómo nos constituiremos? Las elecciones europeas, en las que España
es una sola circunscripción, permitiría la emergencia de nuevas
opciones políticas que puedan desplazar a los que están ayudando a
los neoliberales en el proceso de destrucción de nuestro patrimonio,
el Estado. Estas elecciones son una ocasión para constituir
esa mayoría con vocación y capacidad constituyente.
Y en este punto hay que incidir en un asunto
“colateral” de extrema actualidad: la Unidad de España.
Esta es, por las misma razones que he usado para “el Estado” una
NECESIDAD DEMOCRATICA, porque su desmantelamiento contribuiría a
expoliar “más y mejor” a la población y a que se escabulleran
de sus responsabilidades una buena parte de los políticos corruptos
que nos han llevado a esta catástrofe social en la que millones de
personas no tienen perspectiva alguna. Defender la unidad de España,
como hago con vehemencia, es por convencimiento y no tiene nada que
ver con ideologías fascistoides trasnochadas: Pienso en el porvenir
de mis hijos y de mis nietos, que merecen una nación mucho más
amable, potente y moderna que la que me recibió a mí, poco después
de aquellos “años del hambre”... Una España libre y grande,
porque le corresponde y lo ha sido y porque una verdad no deja de
serlo porque se la quiera apropiar nadie: Una España capaz de
integrar todas sus partes y sus energías, porque así lo exige una
cultura que conformamos, la hispana, que es UNA de las más grandes
del mundo en todos los sentidos y que es nuestro patrimonio
principal. Y yo no quiero que me lo roben, ni a mí ni a los que
vienen detrás Sobre esto también habrá que ponerse de acuerdo,
para que aquí no sobre nadie, excepto los parásitos insolidarios que conforman el grupo de los oligarcas.
Hasta aquí una vez más me he extendido, esperando que
se entienda la propuesta y que en algo contribuya a desbrozar el
camino de zarzas que atravesamos.
En Mérida y Enero de 2014.
Andrés Holgado Maestre