miércoles, 18 de diciembre de 2013

Un pesebre siciliano; un mal sueño...

Ayer tuve un sueño...
O más bien una pesadilla. De pronto, un belén napolitano, de esos que empezara Sancha de Aragón  y que luego Carlos III el alcalde se encargara de traer por estos lares, se me había convertido en una cosa medio siciliana, en la que todos los personajes trataban de arramplar con algo...
Había un padre putativo con la cara de Jonqueras, serio y circunspecto como si nunca hubiera roto un madero. A su lado una Joana Ortega, más chula que un guante, pretendiendo ser virgen. Una mula de carga que representaba la CUP y un buey redomado que con más siglas que la ONU completaban las figuras principales. Un murciélago con cara de Yoda estaba encaramado en la viga superior, vigilando atentamente como el nen, ya crecidito, se comía hasta la paja que le calentaba, y por la que se peleaban buey, mula y el muchachino, que hasta usaba una mochila tipo militar para hacer más acopio.
Entretanto, unos reyes andaban por un desierto, más perdidos que Cambises y unos pastores extremeños y unos cabreros andaluces se ponían en la foto con los borregos al hombro (con mucho cuidado de que no se los confiscaran los mozos del pesebre) más que nada porque se lo habían pedido sus señoritos pero con muy poquita convicción. Más bien estaban como deseando que se acabara tanto paripé y poderse ir de una vez a coger las aceitunas y macharlas, para tener un entretenimiento acompañando un vaso de buen vino... A lo lejos, el palacio de Caifás con un Rouco más quemado que el palo de un churrero y otro Castillo, el de Herodes, que no se asomaba ni a las almenas. En las mazmorras se adivinaba a un personajillo calvo y redomado que decían que guardaba la hacienda, diciendo "mi tesoro"... mientras que por las alcantarillas se llevaban camiones cargados hasta los topes de sestercios otros personajes que iban a montar karaokes en el Caribe.

Luz había más bien poca, y por eso andaban los reyes medio perdidos. Había una luz, la de la razón, que estaba escondida detrás de unos nubarrones que presagiaban lo peor. Pero más pronto que tarde tendría que abrirse el cielo...
Aquí me desperté, algo sobresaltado. Me faltaban personajes en el belén y no entendía yo bien lo que pasaba. Un Herodes con cara de Rajoy resultaba poco creíble y los soldados del imperio con borlas de legionario también me resultaban anacrónicos. Pero el pesebre crecía y crecía y amenazaba con ocupar toda la tierra labrantía que había en ese municipio. Algo habría que hacer, porque sino, con tantas adoraciones, y genuflexiones, íbamos a acabar baldados y hambrientos.
El único que parecia estar impasible haciendo sus funciones, enmerdando todo el paisaje, era un personaje estirado, relamido y remilgado, Mas el caganer, que parecía absorto en abonar el terreno para la próxima cosecha. Parecía alguien y no era más que la voz de su amo. Un amo que ni aparecía en la foto, pero que era el que financiaba todo el estalache. El fulano, con sus amigotes financieros, se frotaba las manos pensando en el negocio que iba a hacer cuando sus brigadas de limpieza a sueldo tuvieran que desescombrar todo ese pesebre a manguerazos. "Negocio redondo", pensaba, "estos gilipollas necesitan espectáculos similares de vez en cuando, para no aburrirse. Son como niños...". Y se fue a Davos dando grandes chupadas al veguero...

Felices fiestas, hermanos en la fe republicana.