martes, 22 de abril de 2014

Pasión española; Turbas y agobio.

Cuando el Cordero rompió el séptimo sello, todos en el cielo guardaron silencio durante media hora.

Entonces vi que se le dio una trompeta a cada uno de los siete ángeles que estaban de pie delante de Dios. Después vino otro ángel con un tazón de oro, y en ese tazón pusieron mucho incienso, para que lo ofreciera ante el altar junto con las oraciones del pueblo de Dios. El humo del incienso subió de la mano del ángel, junto con las oraciones, hasta donde estaba Dios. Entonces el ángel tomó el tazón y lo llenó con los carbones encendidos que estaban sobre el altar. Luego, lanzó todo sobre la tierra, y por todos lados hubo un fuerte ruido de truenos, y relámpagos, y un temblor de tierra.


Después, los siete ángeles que tenían las siete trompetas se dispusieron a tocarlas.
 
(Apocalipsis, 8)


La primera vez que vi (viví) "las turbas" en Cuenca fue gracias a un compañero de estudios de sociología que me convenció de que era más que conveniente que la viera antes de poder hablar acerca del fenómeno religioso desde una perspectiva social más amplia, como la que pretendíamos adquirir. Fui por tanto y para mi suerte, aprendí algunas cosas que no sabía, entre otras algunos términos en inglés que aún hoy se me resisten, como "atonement", que utilizaba una profesora de Nueva York que tuve la suerte de que se ofreciera de "guía" en esa experiencia nueva para mí.  Han pasado treinta años y los recuerdos de esas horas mágicas van y vienen como sombras de un crepúsculo. No recuerdo apenas nombres y las caras se resuelven en sonrisas o en miradas que ahí quedaron, al igual que las sensaciones de una noche fría pero intensa que nunca olvidaré.

Ahora, ese fenómeno acaso pagano que se "representa" en Cuenca cada año haya tomado un cariz mucho más reivindicativo que expiatorio y no me parece probable que el sentimiento religioso haya aumentado (sería imposible por otra parte, porque pocas ciudades hay que lo tengan más arraigado que Cuenca) mientras que el componente "político" de unión colectiva contra las tutelas e imposiciones del poder esté mucho más vivo. La situación del país entero, sumido en una crisis moral mucho más profunda de lo que quieran reconocer los "lideres", pudiera producir explosiones sociales que también suelen darse en otras religiones próximas. Las escenas que he podido ver de las Turbas de este año, con un despliegue policial inaudito, me lleva a pensar que ese "riesgo" se valora de forma similar por dichos responsables.
 
En tiempos de miseria, guerra o peste (de ahí mi recuerdo al "Séptimo sello") cuando la realidad se hace insoportable, la gente suele buscar cobijo en "sagrado", que es sitio seguro donde los haya, tal como se encargan de transmitir de todas las formas posibles los voceros de esas construcciones "salvadoras" de la humanidad a las que llamamos religiones. Por eso este año en España las celebraciones publicas de la Semana Santa han podido ser de las más "brillantes" de la historia reciente: El retroceso hacia pensamientos míticos, mágicos y redentores es un proceso imparable. Parece que no quedan más salidas en esta tierra que el sacrificio, el sufrimiento y la expiación (atonement) de nuestros pecados... Hemos interiorizado que hemos vivido "por encima de nuestras posibilidades" y solamente nos queda pedir perdón por ello y confiar en que no nos caiga encima el rayo justiciero de los cabreados dioses.
 
A menos que las turbas lo remedien, el agobio se ha apoderado de nosotros y aquí no se salva nadie...