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jueves, 29 de marzo de 2012

Piedras milenarias, gritos de hoy.


Una mujer, una actriz para Mérida. (Agua Fuerte)
Hace unos días disfruté intensamente de uno de esos espectáculos que solamente una ciudad mágica para la cultura y el teatro, tal como es Mérida, puede ofrecer. En una de esas salas casi subterráneas, medio clandestinas y de nombre con fuertes resonancias literarias que la ciudad goza, pude ver una función merecedora de las propias piedras profanamente sagradas del Teatro Romano. Y para quien crea que exagero, quiero recordar que hace unos cuantos años asistí a una de las Medeas que se ponen de cuando en cuando en nuestro Teatro y ocurrió lo siguiente: Se habían dado los avisos de rigor y ya alguien dijo “La función va a a comenzar...” o algo parecido. Ese murmullo indefinido de la multitud se mantenía latente a pesar de los avisos y de que las luces se habían ido apagando y una negrura inmensa se apoderara del recinto. De repente, tras unos larguísimos instantes , un foco se encendió y trazo un círculo de luz sobre el escenario. El círculo se fue desplazando y a contraluz se percibió una figura femenina. El silencio más profundo se adueño del recinto y desapareció todo bisbiseo. La magia apareció y yo me dije: “Esto es el teatro”.
Desde aquella noche, en tantas otras ocasiones en que he asistido a funciones aquí o allá, ese silencio primigenio, que precede a la palabra y la presiente, me ha parecido la esencia misma del lenguaje teatral. Como en la música, el silencio es el armazón donde el arte se construye. La otra noche, en esa cueva ese milagro del teatro apareció otra vez, para goce de todos los que allí estábamos, en medio de un silencio profundo que solamente el arte de la actriz rompía. Una liturgia de de la mujer eterna es lo que ha parido Charo Feria en esta pieza impresionante. “Gloria a la madre, y a la hija y al santo sexo, como era en un principio y lo será hasta el final” llega a elevar como en una jaculatoria de reivindicación de una mujer aherrojada a vivir una vida que no es la suya propia.
Una mujer que es sometida al infame mal trato de un mundo ajeno. “Niños, no irse” grita, en un antológico texto de protesta de una mujer cósmica, que es una de las partes geniales del montaje, austero y cotidiano hasta más no poder, pero que llena de magia y de sugerencias la escena y hace contener la respiración del espectador, de cualquier edad o condición: Puro arte gestual y significativo; no hay palabra gratuita y a ratos estas se disparan hiriendo las conciencias de la gente y despertándolas. “Tengo una gitana interna por dentro” reivindica mientras niega que tanto pensar sirva para algo. ¿Sólo el sentir se bastaría, acaso?.
Charo Feria se erige en una de esas diosas terribles y antiguas, con un dominio de la escena como sólo puede dar muchas experiencias con gentes del teatro y muchas horas de trabajo, acompañados de un genio interior que solamente tienen los elegidos. Y un humor finísimo: “La 10-11, ¡que alegría!” Una parodia de la obsesiva pasión de algunos hombres por demostrar unas habilidades inútiles, es puro goce. Y una capacidad para representar la angustia de la soledad sin esperanza, sin perspectivas, sin comprensión por parte de la persona amada. El no llega, su mundo se derrumba: “Un ramo de de palabras secas has dejao entre mis manos... ¿Dónde las pongo?”... protesta y llora ella, la mujer rendida y sin esperanza. 
Pasión y depresión puesta en escena. Pájaros negros, miradas de cíclope clavadas, fuerza en las metáforas y la música de Puccini llevando el climax a las simas profundas de la tristeza. Pero la mujer eterna se recompone como un nuevo Ave Fénix que resurge de sus miserias. Charo Feria domina la idea (la obra “Aguafuerte” es enteramente suya) y domina la palabra y domina el gesto -eso es el teatro- y hasta el silencio la obedece. Y ella puede gritar sus verdades donde quiera pero a mí, como a los muchos otros que lo demostraron con sus atronadores aplausos finales que quebraron definitivamente el silencio de esa noche, lo que me apetece es decir que Charo se merece a Mérida y que su arte está pidiendo a gritos el marco que merece tanto genio.
Aguafuerte” es un espectáculo muy fuerte, que puede hacer referencia acaso tanto a la técnica de grabado, a base de ácidos, que tanto usara Goya, cuyas mujeres en alguna forma Charo evoca, o a la limpieza radical que esas sustancias fuertes permiten en aquellas zonas del pensamiento donde la roña se acumula y hace costra. Personas con el alma pura que Charo nos ofrece pueden llegar para dejarnos la mirada limpia de nuevo por las lágrimas que puede llegar a provocarnos. Agua, fuerte, limpia Charo Feria el mundo por dónde pasa. Gracias.

Andrés Holgado Maestre,
En Mérida (España) y marzo de 2012.

sábado, 26 de febrero de 2011

Piedra en el muro

Piedra en el muro
 
(Sobre los uniformes escolares)

Prietas las filas, recias, marciales
Nuestras escuadras van
Cara al mañana, que nos promete
Patria, justicia y pan. (1)

(1) En otras versiones, paz, pero esto no es esencial en el contexto que nos ocupa...)

El trozo de himno que antecede, que como saben los viejos del lugar pertenece a unas canciones que cantábamos todos en los años cincuenta, fue lo primero que se me vino a la cabeza cuando una amiga me preguntó mi opinión sobre el uniforme en la escuela. Tema peliagudo este de los uniformes en las escuelas públicas. Porque en las privadas no hay caso: existe y punto; se da como un hecho dado y consumado, que forma parte usualmente del “ideario del Centro” y que se acepta como tal por los padres sin debate alguno: lo toman o lo dejan. Es pues un ejercicio de libertad. Este es el quid de la cuestión, la libertad.

Y la libertad se cede, en los centros privados, de forma absoluta. Se alega que el uniforme tiene carácter didáctico en tanto que evita la discriminación entre niveles de riqueza (y por tanto de vestimenta o de ostentación) entre los alumnos, pero la realidad es que se constituye en un elemento diferenciador del propio centro y un elemento de identidad grupal de los alumnos respecto de los “otros” niños no uniformados (o uniformados de otra forma). No es un elemento nivelador en ningún caso sino diferenciador, es un signo de pertenencia a una tribu determinada. Y esto es así aún en grado mayor cuando el uniformado tiene carácter general como ocurre, por ejemplo, en Japón o China (sistemas feudales y serviles ambos aunque uno se proclame democracia liberal y otro dictadura proletaria).

Todo lo que se oponga a la libertad es intrínsecamente perverso (como los niños...) pero la libertad es tan irrenunciable como imposible: Sin represión no habría cultura, según San Freud. Nada que hacer, entonces. La escuela es un institución cerrada (aunque lo disimule) y por tanto tiende a ejercer su poder formativo en un modo u otro. Su misión es uniformar; de ahí sale hasta el lenguaje. El niño necesita seguridad y la uniformidad es un factor que favorece ese aspecto: soy igual a los demás, al menos en esto. El aprendizaje de la libertad, como el de otros valores superiores, no pertenece a la escuela ni puede impartirse prematuramente.

Si las apetencias de poder de los “formadores” se calman imponiendo el uniforme, bienvenido sea. Pero hay que mantener la vigilancia: el poder tiende a no limitarse (por eso puede y por eso caen  los dictadores  - que creen que su poder no tiene límites -  con tanta facilidad en las psicopatías). Escuela, Iglesia, Ejercito, Cárcel, Sociedad al fin, son contenedores de la libertad humana. Lo único que podemos intentar es hacer esos contenedores más flexibles y agradables. Esa es la tensión necesaria de la libertad frente a la necesidad y ese es el legado que se puede dejar a nuestros hijos: el anhelo de la libertad.

Empezamos con un canto franquista y otro canto, de otra escuela, dice:

       Daddy's flown across the ocean                    Papá se fue cruzando el océano
      Leaving just a memory                                   Dejando sólo el recuerdo
Snapshot in the family album                                Fotos en el album familiar
       Daddy what else did you leave for me?        .          ¿Papá, qué más me has dejado?
Daddy, what'd'ja leave behind for me?!?            ¿Papá...!¿Qué has dejado para mí?
                All in all it was just a brick in the wall.               Al final solamente era un ladrillo en el muro 
All in all it was all just a brick in the wall.    Todo lo que era: un ladrillo más en el muro
"A Brick in the Wall" Part 1 (Waters) Traducción libre; ponedle la música  de Pink Floyd y gana mucho... Os incluyo un enlace que servirá:
http://www.youtube.com/watch?v=VZbM_MIz4RM

Me temo que no  le contesté claramente  a mi amiga, pero quiero pensar que no hay respuestas claras. Yo al menos no las tengo. El caso de la escuela en  Cataluña, por ejemplo, me hace pensar en lo coercitiva que puede ser la institución para muchas (todas) las personas. ¿Qué hacemos con los uniformes entonces, sino banderas?

Andrés Holgado Maestre

Julio, 2010