martes, 28 de agosto de 2012

Piedras del Teatro: El Enigma de la Mujer.

(Las Bacantes)


Lilith... mujer primigenia
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El teatro de Mérida es un lugar mágico por mil razones y ello conlleva paradojas tales como que, por ejemplo, una sóla persona concite una ovación de 10 minutos recontando genialmente parte de la Odisea (que, por cierto, también es un retorno a la mujer imaginada...) como que un equipo artístico muy grande, con una docena de actores excelentes en el coro y tres actores principales, que no acaban de entender sus papeles (el propio director dice en el programa de mano que “no hay una enseñanza moral en Las Bacantes...” lo cual se aleja de la intención de todos los grandes clásicos que escribían fundamentalmente para instruir a su pueblo...) y que este complejísimo y espectacular montaje consiga un éxito mucho menor y quede como incompleto.

Las propias piedras del Teatro y la fuerza del drama original ponen lo que, a mi juicio, falta en ese montaje; me explicaré ahora.

El sueño de muchos hombres es saber de qué hablan las mujeres cuando están solas, sin hombres que las condicionen. Un sueño imposible puesto que su sola presencia, la del hombre, modifica las palabras y los comportamientos de las mujeres, como todo el mundo sabe...

Curiosamente, los hombres somos tan soberbios y prepotentes que nos comportamos en las mismas formas chulescas (como hace Dionisos en la obra citada) tanto entre hombres como entre mujeres, con lo que no somos objeto de curiosidad alguna para ellas. Nosotros somos transparentes en nuestra simpleza. Ellas son un enigma, por muy sencilla que una mujer fuese, si es que la hubiere...

Penteo quiere saber que hacen las mujeres y para eso se disfraza, finge ser lo que no es, y pierde la cabeza por su delirio. Quiere a la mujer porque quiere volver a la madre de la que nunca se hubiera querido separar. Una madre que ya rompió el cordón umbilical (y su cordura) y a la que nunca volverá a encontrar. Encontrará la muerte al fin, femenina también.

No sé si los demás verán que hay una enseñanza moral en esta historia pero yo así lo veo: No finjas nunca ser lo que no eres, porque te destruirá tan insana búsqueda de un retorno imposible a la niñez. Vive conforme tus principios y respeta a la mujer, dadora de vida.

A mí me sonó a estas palabras la música excesiva del montaje. Mucho ruido, sí, pero algunas nueces... o como diría el DJ británico: Much ado about something...

Andrés Holgado Maestre

(Publicado en El Periódico de Extremadura y en la Revista Siempre Cerca, de Mérida, en Agosto de 2012)