lunes, 21 de febrero de 2011

Piedras de Molino (2)

Encrucijadas siempre...

La historia anterior, "Piedras de Molino", trataba sobre un cruce en el que parece que se producen energías raras y la experimenté, como contaba, hace quince o dieciséis años. Me volvió a la memoria recientemente, en uno de esos procesos que los científicos llaman sinápticos y de los que tan poco sabemos (como de tantas otras cosas en las que la humanidad está aún en los albores del conocimiento) con una fuerza que no alcanzaba a entender. No fue para mí un suceso tan extraordinario en su momento y era raro que hubiera vuelto a hacerse presente con tanta fuerza. Hasta que decidí escribirlo, pensando que así descargaría esa tensión imaginaria. Y así pareció ocurrir. Me quedé muy tranquilo cuando lo escribí y la única duda que me quedó fue si debía hacer público el relato, con las facilidades que dan las nuevas tecnologías y arriesgando de alguna manera el escaso crédito que uno pudiera tener como comentarista “serio”, o dejarlo como había estado hasta ahora, reducido al entorno familiar o de amigos cercanos. Decidí publicarlo y ya explique en el relato anterior las razones.
Misión Espada
Pero esa misma noche, después de escuchar en estos días a atribulados presidentes todavía perplejos porque ni ellos ni “los mil doscientos economistas mejores del mundo, que trabajan para el FMI...” hubieran percibido la gravedad de la crisis global, y cuando estaba en ese estado especial que a veces tenemos y que se llama duermevela, caí en la cuenta de repente de que el relato pudiera tener una carga metafórica que se me había escapado antes y que pudiera estar en la base de esa resistencia a quedarse en el baúl de los recuerdos que uno lleva consigo. Y me puse a soñar.
Y soñé que ese cruce tan mal diseñado era una metáfora de todos los cruces, de todas las encrucijadas, de todas las crisis. Y que esa calle larga, sin salidas, mal iluminada y estrecha, que se llama Villamain me recordaba hasta en el nombre la “Main Street USA” de Disneylandia, que pretende ser la calle mayor de cualquier pueblo del mundo. Villamain, como la sociedad civil, avanza contenida entre dos límites: a la izquierda, el arrecife del tren, unas vías que están más altas que la calle y por las que cuando, de vez en cuando, pasa un tren, solo se percibe el estruendo sin que podamos saber que carga llevan. Por la derecha, en cambio, Villamain limita con el bosque, las praderas y la acequia que forman parte del parque nacional, federal, ojo, no estatal de Tejas, sino estatal de Estados Unidos, que es quien cuida de las Misiones, como patrimonio nacional que son. Y de repente, Villamain llega a un punto en que se encuentra una intersección en la que la dirección tranquila que llevaba no puede seguir; una encrucijada que exige un decisión. Un cruce. Una crisis.
Y soñé que por esa vía más alta que la calle, esos trenes enormes circulando, con doscientos vagones, y que solamente pueden ir por donde las vías les dicten, con una inercia imparable y sin más ley que la fuerza, ciegos a lo que no sea su destino, eran esos “mercados” de los que tanto se habla y nadie quiere saber y a los que se atribuye la misma terquedad inmutable: arrastrar cualquier cosa que se les ponga por delante.
Y soñé en la desesperación que produce uno de esos trenes, corriendo por un nivel superior al de tu calle, la de la gente corriente, y sin que puedas evitar oír el infernal traqueteo de los metales chocando entre sí. Y lo que debe sentirse si estás atrapado en su camino y no hay salidas.
Pensé entonces en las sinceras palabras de los atribulados presidentes, queriendo salir de esta crisis, uno con informes económicos ortodoxos e infumables, otro proponiendo “ganar el futuro” y echando mano de la ilusión y el orgullo por el estado de su nación, con mensajes más mágicos que racionales. ¿Cuál de ellos prosperará? ¿Qué mensaje calará en la gente de Villamain?
Y pensé que si los mejores economistas, usando las mejores herramientas del pensamiento racional “científico” no habían servido para detectar los peligros, ¿Por qué habrían de tener razón ahora? Que se sepa, en el FMI solo dimitió el jefe, y para uno que dimite, no lo vamos a culpar... Todo esto tendría que explicarse: A lo mejor, como decía la verbenera Mae West de las chicas buenas, que van al cielo, mientras que las malas van a todas partes, los mejores economistas están en el FMI, y los buenos están en las universidades, los bancos centrales y en otras reservas, pero a lo peor los malos economistas, pero más listos y poderosos, están en todos los demás sitios ( y ahí siguen ) incluyendo agencias y bancos y otros madoffs, desviviéndose para aumentar los crecimientos y sus beneficios.
Porque el informe del FMI del que hablamos y que honra a quién lo publica (y más a quién lo lea y extraiga las consecuencias) viene a decir que hay un problema estructural que posibilita la existencia de un “pensamiento uniforme establecido” que impide el progreso de los enfoques críticos con el poder, de un pensamiento jerarquizado y sometido al poder, incluso aunque este no lo exija, pues los especialistas han de auto-censurarse por miedo al ostracismo. Eso es lo que pasaba en el FMI. Pasaba, claro, ya no pasa, aunque no se dice cómo lo han resuelto. Y sólo pasaría en el FMI, por supuesto; y sólo a los economistas les pasa, por supuesto. En otras instituciones (decídselo a Giordano Bruno) o en otras profesiones (mirad los Santos Inocentes) estas sumisiones no se dan, solo faltaría...
Y seguí soñando: de modo que si el pensamiento único y uniforme no nos sirve para encontrar la verdad y el pensamiento crítico está muerto: ¿tendrían que salvarnos los viejos espíritus, aquellos que se malograron en tantas crisis mal resueltas del pasado? ¿Tendrían que venir a echarnos una mano algunos muertos que acaso estén mal enterrados? ¿No habremos decidido demasiado pronto, en Occidente y desde la caída del muro, que el Estado no debe influir en la economía, y que los mercados (con su mano invisible...) son a los que nos debemos someter?
Cuando el pensamiento único y uniforme nos hace estériles ¿Podría el pensamiento mágico o lateral echarnos una mano? Mi respuesta, mi sueño, es que sí. Prefiero las inaprensibles manos de aquellos niños que la no menos mítica e “invisible mano” de los mercados, que tales bofetadas suelta. Aquellas manitas no hacen daño a nadie y esta última está destrozando la esperanza de millones de personas.
Puerta, imperfecta,
de entrada (o salida)
de la Misión Espada
Y recordad, queridos niños, la salida del horrible cruce de San Antonio se hace hacia la izquierda, hacia la calle de Shane, nombre que me trae a la memoria al niño que renuncia a ser pistolero en la película “Raíces profundas”. Raíces tan profundas como las que dejo nuestra cultura en aquellas piedras de Tejas. Pero eso será otra historia...
Y recordad, queridos niños, la calle Shane está en ligera cuesta arriba. Costará trabajo salir, pero si se intenta salir del atolladero hacia la derecha, a los verdes campos de la libertad sin límites, tendremos que atravesar vericuetos desconocidos y encima, iremos a parar a la acequia, con cuatro fornidos agentes que nos lo pondrán difícil por invadir la sacro-santa propiedad del Estado.

De modo que por la izquierda y con la ayuda de los buenos espíritus. Que así sea.

Porque así será. Porque no hay más salida permanente que la razón y nunca la fuerza se impondrá para siempre.

Andrés Holgado Maestre
En Mérida (España) y Febrero, 2011.