jueves, 12 de junio de 2014

La III República de España

Prefiero ver a España antes  roja que rota.

Esas palabras dijo un líder de la derecha española en los años 30, cuando España se desangró y perdió pie con respeto a los países  grandes europeos de entonces, y reflejan bastante bien la conciencia clara que muchos tenemos acerca de que España, por mil razones basadas en más de dos mil años de historia común, es una realidad cultural y social que merece toda clase de esfuerzos para que se mantenga unida. España NO es un invento de políticos del tres al cuarto que piensan que pueden redefinirla cada vez que convenga a sus personales intereses. Y no lo va ser ahora.

 Por eso quiero salir al paso inmediatamente de lo que ocurriera ayer en el Congreso de los Diputados de España, donde se defendieron hasta cuatro Repúblicas por parte de varios grupos distintos. Uno, (IU) defendió la II República con escarapelas tricolores y discursos muy poco consistentes acerca de un referendum dentro del marco de esta Constitución, con muchas de cuyas partes no estoy de acuerdo. La III República no puede ser continuación de la II, como no puede ser continuidad con el período impuesto por la fuerza que acabó con la misma, por muy positivo que algunos pudieran considerarlo para sus intereses. La violación de las leyes solamente puede conducir a violencias de una u otra manera.

La argumentación sibilina de ERC acerca de que "las esperanzas de los demócratas españoles se llama República Catalana" no es más que el enésimo intento de estos insolidarios de hacerse una república para los ricos y dar de lado a los trabajadores de toda España que la hemos construido, sea en Cataluña o en Gijón, o dondequiera que el Estado o los particulares han proporcionado trabajo a nuestra población. Si Cataluña se desgajara de España, la fractura social que se produciría en la propia Cataluña podría suponer la destrucción de esa sociedad para siempre. Y lo saben todos.

Exactamente igual ocurre con los burgueses vascos y los montaraces que quieren otra República basada en mitos inventados o en promesas izquierdistas que se alimentan, ambos, del abuso de una España a la que han enseñado a odiar, ocultando que los principales explotadores de esta península allí radican. Todos sabemos cual sería el destino de esos grupos sociales como esa fractura de España se produjera y dejara de ser nuestro país la excusa para sus desmanes, bien contra los trabajadores, bien contra la población "no asimilada".  La ruina. Y lo saben todos.

Una cuarta República Gallega salió a relucir por no ser menos, puesto que la absoluta desidia y latrocinio al que se han entregado los "poderes centrales" y los autonómicos basados en la misma incompetencia y corrupción, que amenaza ahogar por completo al país entero (excepto sus élites que son las beneficiarias de esta situación que se viene arrastrando desde hace décadas, ha llevado a Galicia y a otras zonas a la desesperación y a tratar de buscar vías propias, viendo como el chantaje permanente de los burgueses perifericos (con sus perros de presa propios) al Estado "central", ha conseguido cotas mayores de inversión y trabajo en aquellas zonas.

Por todo esto "mi" República, la III República Española que yo defiendo y seguiré defendiendo aunque sea sólo y para la que he propuesto esta bandera, será una sola república española, unitaria, de modo que toda la nación sea indivisible, sin federalismos asimétricos o similares, que no tienen fundamentación alguna, igualitaria, condición derivada de lo anterior y necesaria de todo punto: Todo español ha de ser igual en todos sus derechos y oportunidades, al igual que en sus obligaciones hacia nuestra sociedad, en cualquier parte del territorio, y laica finalmente, por obvia necesidad de no establecer diferencia alguna por razones ajenas a un Estado racional-legal que es lo que debe ser un estado de hoy. Una República Española, la III, capaz de contener a todos los españoles, independientemente de sus posturas políticas, en un sólo cuerpo legal y en una cultura compartida sin igual en el mundo.

Las repúblicas partidistas o parciales de las que hablaron ayer  no son mis repúblicas. Esta sí.

Y espero llegar a verla, porque estoy seguro que son decenas de millones los españoles que la querrían, cuando asumieran que la vida política de la nación es algo suyo a lo que no deben ni tienen porque renunciar.

Andrés Holgado Maestre, en Mérida y Junio de 2014.