martes, 7 de mayo de 2013

Tirad la primera piedra. Corrupción en España



Corrupción en España: ¿Causa o consecuencia?


Hace pocos días, el 4 de Mayo, El New York Times, que presume, con razones fundadas, de ser el periódico en el que se publica todo lo que merece ser publicado, incluía un excelente artículo de una de sus redactoras, Suzanne Daley, con un título llamativo: Los millones de una Alcaldesa de un pueblo como “Prueba A” de la corrupción en España” (1). En el hace una exposición muy ponderada sobre los casos que se han venido dando, como el de La Muela, que sirve de hilo conductor, que no encuentran un recorrido fácil para resolverse judicialmente, y que están haciendo que la población pierda progresivamente su confianza en el sistema político español. Llega a afirmar que, más allá del amargo resentimiento que todos estos casos (más de 1000 actualmente en los juzgados) están provocando en unos ciudadanos que sufrimos los recortes de las así llamadas “políticas de consolidación fiscal”, recortes o reducciones de uno otro tipo en los gastos o aumentos absolutamente desproporcionados de tarifas, aún “veremos más, como consecuencia de una estructura política en España que pone un gran poder en manos de los políticos locales. Muchos de ellos pueden otorgar contratos o reclasificar terrenos con poca o ninguna consulta pública”.
Aparte de los detalles que se dan en el artículo y de denunciar cómo los casos son tantos que los periódicos ya se limitan a hacer un listado en vez de analizarlos en profundidad, esa afirmación entrecomillada y otras similares (“La corrupción NO es la causa de la crisis de la euro zona” algo que comparto por completo pero “dificultará que estos países -Italia, Grecia, España...- puedan refundarse como 'sociedades modernas' con economías competitivas y eficientes” que también comparto, pero con matices que quisiera aportar:
Ciertamente, creo que la corrupción NO es la causa de nuestro mal sistema de gobierno (afirmación que espero aclarar suficientemente luego (2)) pero tampoco es algo anecdótico como quieren aparentar algunos comentaristas de la política que no se distinguen por hacer análisis muy profundos, al hilo de la actualidad. Tampoco convendría simplificar la cuestión como acaso Daley pueda hacer sin pretenderlo, al ceñir a la “administración local” ese potencial de corrupción. El problema, acaso no sean las autoridades sino los ciudadanos mismos. Me explicaré:
Llevamos en España casi 40 años ya de democracia representativa y formal (de aquella manera) que hay que contraponer a 400 años de absolutismo incardinado en nuestra propia esencia como pueblo. La corrupción, desde mi punto de vista, NO es la causa sino la consecuencia de este hecho: la falta de actitudes democráticas en la población y por tanto en sus representantes, siendo el propio sistema judicial un espectador casi pasivo en esa situación. La herencia del absolutismo es la falta radical de confianza en un poder que siempre ha tendido a la arbitrariedad y al castigo de cualquier manifestación crítica por parte de los siempre siervos aunque devenidos ciudadanos por gracia de la Constitución de 1977.
Pero ciudadanos que viven y se comportan con miedo a la libertad; en un entorno de falta de transparencia y de motivación para fiscalizar a sus representantes, incluso aunque las leyes les permitan hoy esa participación y esa fiscalización. Es la falta de la vivencia de la democracia y de la asunción general de que TODO lo PUBLICO es de TODOS y por lo tanto, MIO, la que hace que se considere lo público como algo de “los que mandan” y se renuncie ya de entrada a ejercer el papel de CIUDADANO. Esta actitud de acercarse al “alcalde” con la gorra en la mano y la cabeza agachada es la que hace que puedan, en España, convertirse en “clase política” unos personajes que de Política saben tanto como los españoles de democracia... Es decir, muy poca cosa. Pero tardan minutos, tras ser electos, para autodenominarse “políticos” con un empeño digno de mejor causa.
Igual que “el ojo del amo engorda al caballo”, la vigilancia democrática de los ciudadanos haría imposible, si se diera, el latrocinio impune al que nos tienen acostumbrados.
Habrá quien piense que exagero, pero bien quisiera yo equivocarme. Mientras pensemos que “eligiendo a otros” será suficiente, no alcanzaremos el status de ciudadanos plenos que nunca hemos logrado adquirir.
Andrés Holgado Maestre. En Mérida (España) y Mayo, 2013.


1 Suzanne Daley, “Small Town Mayor's Millions as Exhibit A on Graft in Spain, New York Times, Mayo, 4, 2013 http://www.nytimes.com/2013/05/05/world/europe/in-lean-years-after-boom-spains-graft-laid-bare.html
2 Un sistema que modifica su Constitución de la noche a la mañana, con opacas o falsas “explicaciones” a los propios Diputados no puede ser considerado “bueno”. Un sistema político que recibe la repulsa, un mes tras otro, en las encuestas del CIS no puede considerarse bueno; Un sistema, en fin, que tiene en el desempleo a uno de cada tres personas que pueden y quieren trabajar, no es bueno.