viernes, 6 de enero de 2012

Piedras de plomo neblinoso.

Fría tarde de Reyes en el Guadiana.-

Seguro que son sensaciones mías pero si algo he aprendido en esta ya larga vida es que las sensaciones son lo único que importa, y que aquellos elementos racionales, como las matemáticas, por ejemplo, si no consiguen penetrar la barrera de las emociones es casi seguro que es por defecto de la explicación. La belleza de lo racional está para mí fuera de duda y es desde ahí que parto para decir que esta tarde de Reyes, paseando por una ciudad mortecina a la que las nieblas de su mártir le están ya durando más de lo razonable, hace más frío que en todas las tardes de Reyes que soy capaz de recordar.
 
Tendría que remontarme a mi infancia en mi pueblino natal o a mi adolescencia, cuando un día como hoy se produjo una helada que nunca he vuelto a ver, en Madrid, donde las calles se convirtieron en cristal sobre el que no se podía andar si no era siguiendo la rodadura de las "camionetas" que rompían aquel hielo nunca visto...
 
Hace mucho frío y además se siente mucho más del que hace en realidad, porque hay una gran tristeza en el ambiente. La alegría de los niños en su día grande se despliega en sus casas, en estos tiempos, y la calle queda desierta al no haber quien las llene de bullicio.
 
Hace mucho frío, porque gente sin sangre está envenenando las expectativas de todos los demás y está haciendo que muchas personas estén sufriendo el invierno más frío de su vida.
 
Esos son los pensamientos que me embargan esta tarde y solamente el rumor de algunas ramas de los naranjos que adornan la plaza me recuerdan que, más pronto o más tarde, reverdecerá la primavera.